El régimen y sus acólitos han armado una nueva ficción para impedir que la maltrecha oposición democrática pueda empezar a recorrer el camino que nos conducirá hacia una nueva Venezuela, más sana, más sensata, menos envilecida por la codicia y los negocios.

Todo este tinglado de justificar un avance por el camino torcido de unas elecciones regionales y municipales cobijadas por la astucia de un régimen que ha aprendido cómo hacer que un continuo proceso fraudulento parezca legítimo, con el fin de permanecer en el poder con el apoyo de sectores empresariales que sueñan con negocios de alto rendimiento, aunque sólo se sostengan en burbujas para satisfacer las necesidades de 1% de la población y, por el otro lado, politicos que creen que les van a dar gobernaciones y alcaldías que los convertirán en una alternativa de poder.

Ambas ilusiones tienen las patas cortas, porque este país no será sostenible sin inversiones destinadas a los sectores productivos que pueden generar las divisas que se requieren para la recuperación económica del país y las mejores condiciones de vida para su gente, y estas no van a venir mientras en Venezuela no haya un estado de derecho, mientras no exista división de poderes, mientras la corrupción siga haciendo metástasis a lo largo y ancho del país y mientras no se reinstitucionalice la Fuerza Armada y pueda enfrentar exitosamente a la guerrilla foránea y al narcotráfico.

Nada se logrará a través de acuerdos parciales y de elecciones que no son libres, ni transparentes, sino producto de maniobras pensadas y planificadas por el régimen y convalidadas por intereses o visiones políticas de corto plazo.

Vale la pena preguntarse por qué le están dando tanta proyección comunicacional mundial a quien supuestamente encabeza una oposición a la medida. Ya algo parecido ocurrió, hace años, con algunos empresarios que le brindaron oxígeno a Ortega cuando este pendía de un hilo y ahora se lamentan, porque no sólo se quedó en el poder, sino que no tiene la menor intención de soltarlo y Nicaragua junto a Haití, Venezuela y Cuba conforman el cuarteto de la mayor pobreza del continente americano.

Fuente: Analítica